La vida punga nos fue amarreteando sueños,
y las mochilas empezaron a cansar,
la paciencia que no sabe mentir cartas,
Nos leyó las manos rubia y nos bajo el pulgar.
De tanto jugar con fuego, nuestro incendio se apago.
Y esta lastima lastima, es una pena se apenas
empezamos a empezar.




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